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Louis De Pointe Du Lac

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Louis De Pointe Du Lac

Mensaje por Louis De Pointe Du Lac el Miér 22 Abr 2015 - 17:44



Louis De Pointe Du Lac
Louis De Pointe Du Lac
El Filósofo
Vampiro
Edad Real: 249 Años
Aparente: 25 Años
Bisexual
Pb/Miles Mcmillan

Descripción Física
Pese a que cuando Louis conoció a Lestat se encontraba en uno de sus peores momentos, fue él, Lestat, el primero en caer en cuenta sobre lo que escondía aquel agotado y acabado hombre. Desde entonces, su apariencia ha cambiado muy poco. Oscilando su estatura entre el 172 y los 175 centímetros dependiendo de su calzado, el porte de Louis, a pesar dela sangre poderosa que corre por sus venas, sigue siendo humanizado y melancólico, sin importar si está de buen humor o incluso alegre. Recto y elegante, moviéndose sin provocar sonido que pueda ser captado por algún mortal o inmortal. Es extrañamente silencioso. A veces hace notar su presencia silbando, para evitar tomar a alguien por sorpresa. , y aunque por ser un vampiro camina recto y silencioso, suele moverse de manera diferente, procurando hacer "ruido" y no ser tan sobrenatural. Se cuerpo es delgado y bien distribuido, pesa alrededor de setenta y ocho kilogramos bien dispuestos en los músculos de sus piernas brazos y tórax que no había notado que tenía sino hasta que se convirtió en vampiro. Quizás el cambio más fuerte nació en su piel, blanca y  tersa, como esculpida en hueso y con un brillo nuevo gracias a la sangre poderosa; pero tan flexible y suave como cualquiera de su especie, aunque increíblemente resistente.

Su cabello es negro y largo, a la altura de los hombros, rizado y con bucles y aunque este alborotado o con polvo sigue estado lustroso y no pierde su suavidad satinada. Sus ojos son verdes, verde esmeralda, un verde profundo que ahora refulge, iridiscente, con cualquier luz que haya en la habitación. Casi siempre, sobre todo en la calle, debe cubrir sus ojos con unas gafas de sol muy ligeras para evitar el reflejo de la luz. Otro cambio producido por la sangre poderosa. Largas pestañas negras y unas cejas oscuras bien recortadas por naturaleza. Pómulos marcados en su rostro enjuto, bien cincelado y delgado. Sus manos son delegadas y de largos dedos, ideales para tocar piano o violín, aunque no es algo que practique. En uno de los dedos de su mano izquierda, porta un elegante pero suntuoso anillo de esmeralda, única joya que adorna sus manos. Sus uñas, como las de sus compañeros son transparentes. La forma en que viste tiene que ver con su situación mental y sentimental más que con su situación económica. Con el transcurso de los años paso a desarrollar un gusto con prendas que le iban bien aunque estuvieran viejas y gastadas, las convirtió en sus favoritas.  Tenía ropas elegantes para vestir pulcramente, trajes de hilo negro que le iban a la medida. A veces ata su cabello con listones de seda, pero por lo regular lo lleva suelto.    
Descripción Psicológica
El eterno ser humanizado y melancólico, ha cambiado. Más, sin embargo, sigue siendo el mismo. Lo que antaño fue un ser que sufría constantemente por su yo actual, llamándose demonio e incapaz de encontrar un  fin para sí mismo en la autodestrucción, ahora formaba parte de este mundo y siente una paz que no había conocido hasta ahora. Pero nada había sido en vano, simplemente, la conjunción de aquellos horrores, de la terrible depresión al momento de su transformación, aquel sentimiento de nostalgia y desesperanza que se quedaron con él durante tantos años, venían ahora a encontrar un fin. Su naturaleza paciente sigue allí y sigue siendo un escucha excelente y un gran conversador. Sigue siendo el fantasma de su época con sus andares melancólicos, erráticos; y aquella época era brillante y oscura, decadente de creencias y fracasadas rebeliones. Eso era la base de lo que lo había convertido en lo que era hoy.  Su carácter se ha vuelto más afable, escalando entre todos aquellos aspectos que lo hacían frustrante a la vista de sus compañeros. El tiempo ha vencido aquella terquedad, lo ha hecho superar dolencias que lo consumieron durante más de un siglo. Ahora hay aceptación, gratitud, y la sombra de sus sensibilidades quedan resguardadas en sus memorias, en el subyacente sobre aquella nueva revelación de aceptación.  

Louis se encontraba en paz consigo mismo, sufriendo un cambio general en su forma de pensar, en lo que podía sentir. De pronto ya no era un ser aislado de los demás, no era una sombra más en la calle, de pronto era y formaba parte del todo. De la ciudad iluminada, del bullicio de la gente. Ahora vivía noche tras noche buscando la gracia en la música de la ópera y en la sinfonía, en el esplendor de la pintura clásica y moderna, en el clamor de la chipa que era la vida humana. Y seguía siendo el vampiro despiadado, que no podía con el pequeño trago pero ahora seleccionaba con cuidado a su víctima cuando tenía que hacerlo. El fuego de la sed seguía embotándolo, haciéndolo sentí ligeramente delirante ante el aroma salado y oxido. Ahora era tan poderoso que pocas cosas podían dañarlo, ahora se sentía parte de los suyos, de Lestat, de David, de Armand. Los días de lucha y negación habían acabado, pero siempre formaría parte de él, como escalones revestidos con mármol, con esa superficie pulida que reflejaba lo que antaño fue. Ahora amaba como nunca, y sentía pena y tristeza como nunca. Se sentía destrozado por sus víctimas, por el sufrimiento en general de aquellos que sufrían, de los hombres que sufrían. Sentía terror, al fracaso y al final absoluto. Y sentía el placer de las pequeñas cosas. De la lectura bajo la llovizna, de aquellos largos paseos de reflexión, a solas o acompañado. De las horas aplicadas a la lectura de algún libro y ahora, al sonido de la música en el salón. Ahora había acabado la cuesta y la cima era el mundo en toda su amplitud, preternatural y mortal, con todo lo que se le ofrecía.   
Historia

EL INICIO DEL FIN:
Está es una historia vieja, no en el sentido de que haya pasado mucho tiempo desde que sucedió, sino que, los sentimientos y relaciones involucradas son tan antiguas como el tiempo mismo. Se trata de una familia algo rota, y un joven que como cabeza de familia debe hacerse cargo de las cosas para las que, claramente, se había preparado. Una historia normal sobre la época de la colonización. El joven del que hablamos nació un cuatro de octubre del año 1766, tiempo antes de la época que nos atañe ahora. Hijo de padres franceses, fue un criollo que vivió en Luisiana con su madre, su hermana y su hermano después de abandonar su país natal siendo un niño.

Luisiana, donde la familia Pointe Du Lac acababa de recibir unas tierras para colonizar y pusieron allí plantaciones de índigo (o añil) en el Mississippi, cerca de Nueva Orleans. Llevando una vida lujosa, llena de muebles importados, incluyendo un clavicordio, la familia descubrió que allí se vivía mejor que es su natal Francia. Parecía ser un sitio idílico, su hermana tocando mientras al fondo se alzaba la imagen de los pantanos con sus millones de criaturas entonando su natural melodía. La familia estaba encantada, a excepción del hermano menor de Louis, Paul.

Paul era un joven intrínseco, infinitamente unido a la religión de una forma que caía en lo irracional. Prefería pasar tiempo orando que caer en actividades propias de su clase social; leía sobre santos en libros forrados de cuero. Louis, en su afán por protegerlo de su familia, le construyó un oratorio donde el joven comenzó a pasar mucho tiempo, quedándose a veces hasta la noche allí para estar orando. Y Louis comenzó a visitarlo, encontrándolo sentado en una banca en el jardín cerca de su oratorio, descansando. En aquel tiempo, Louis era un hombre ordinario, tan ordinario que sus problemas no tendrían ninguna cabida en la historia que nos atañe, pero todos vemos nuestros problemas siempre demasiado grandes y la autoconfianza de Louis nunca ha sido grande.

Así pues, Louis hablaba con Paul, sobre las dificultades con sus esclavos, sobre la desconfianza del superintendente, de los agentes, del tiempo. Louis hablaba de todo y Paul escuchaba y a veces comentaba cosas, palabras consideradas. Después de marcharse, el hermano mayor se prometió que haría lo que fuera para que el hermano entrara en el sacerdocio así le partiera el alma verlo partir. Como sucede en estos casos, la planeación a futuro fue un rotundo fracaso.

Aquello sucedió de pronto, Paul comenzó a cambiar, insinuando que veía cosas. Dejando de comer y convirtiendo su oratorio en su nuevo hogar pero descuidándolo en extremo. Louis se enteró de lo que su hermano estaba viendo. Santo Domingo y La Virgen María hablándole, diciéndole que debía vender todas sus posesiones y con ese dinero construir en Francia la Obra de Dios. Louis se rio de él; la idea por si misma era un absurdo, el producto de una mente inmadura e incluso mórbida. Discutieron mucho. Louis habló y habló, negándole desdeñosamente pero sintiéndose amargamente desilusionado, casi traicionado por lo que su hermano estaba haciendo. Llevado por un egoísmo nacido de su adoración a su hermano menor, Louis negó y rechazó cualquier posibilidad de que aquello pudiera ser cierto. Pero pese a ello, cuando Paul salió de la habitación, furioso y dolorido, sus convicciones ardían con fuego dentro de él.

Entonces, aquel suceso que definiría el carácter de Louis para siempre, aquella tragedia inesperada, ocurrió. Paul atravesó las puertas vidrieras, permaneció un momento en lo alto de las escalinatas de ladrillo y entonces, cayó por las escaleras. Se había roto el cuello al caer y estaba muerto cuando llegó al fondo. Pero su muerte fue misteriosa, quienes lo vieron caer dijeron que algo, o alguien, lo empujó. Louis se quedaría ahora siempre con la duda sobre lo que ocurrió o sobre lo que su hermano estuvo a punto de decir antes de caer, pero nada de eso importaría ya. La profunda herida que la muerte de Paul ocasionó, nunca se desvanecería.

EL ARRIBO DEL DIABLO:
Sintiéndose responsable por su muerte y de que el último recuerdo que tuviera de él fuera aquella terrible discusión; precipitaron las cosas y destrozaron la corta armonía hogareña. Miserable, e impaciente y sin ninguna disposición para hablar con nadie, Louis se negó a contar el objetivo de la discusión, aunque su madre y hermana no dejaran de interrogarle por ello. Incluso tuvo que soportar que la policía lo considerara un sospecho. No estuvo allí cuando su hermano cayó, pero la culpa era más fuerte que aquella verdad. La necesidad de huir de allí lo llevó a alquilar las plantaciones y a mudarse con su familia a una de las casas en Nueva Orleans. Allí las cosas fueron de mal en peor para Louis.

El recuerdo de su hermano lo acosaba adonde fuera, donde estuviera y en lo que hiciera, nunca podía dejar de pensar en ello. En su cadáver pudriéndose bajo la tierra. Ebrio o sobrio, veía su cuerpo en el ataúd, con la cabeza en esa forma rara por la nuca destrozada. Soñaba con un cambio de decisión, donde salía detrás de él y lo detenía; un infierno de posibilidades, un tormento segundo a segundo. Pasaba el tiempo bebiendo, lejos de casa mientras pudiera, vagaba por calles y callejones de negros, caía en el suelo de los cabarets, esperando. Era un miserable bastardo sin valor para acabar con su propia vida. Y con tantas invitaciones enviadas a marineros, ladrones, maniáticos, fue un vampiro el único que la aceptó. Lo atacó y lo dejó allí tirado a unos pasos de su casa.

El primer contacto con la muerte fue agotador. Esperando por lo que vendría, dejó de comer y beber; cuando llegó el sacerdote le aquejaba una fiebre muy alta y entonces contó lo que sabía de su hermano, la respuesta del sacerdote lo enfureció. La irracionalidad y la ira levantaron su cuerpo agotado y para cuando se calmó estaba más muerto que vivo. Entonces, el vampiro aquel, regresó. Fue el primer contactó con una criatura que desafiaba todo lo que era palpable, moral y lógico en el mundo; su consciencia actual quedo desecha y reconstruida en una sola noche. No encontró, en ese momento, lo que necesitaba para decir no, pero tampoco fue que no deseara hacerlo.

Louis entró, por fin, al mundo de la inmortalidad. El cambio lo conocen, solo de palabras por supuesto, pero el caso es que sucedió; el golpeteo de los dos corazones tronando por todo su cuerpo. Y después, el despertar y el regresó de la conciencia como nunca se tuvo antes. Louis habrá dicho en algún momento que Lestat no fue el mentor que hubiera deseado, que lo dejó de lado en cuanto sus labios dejaron sus muñecas, pero eso no fue del todo cierto. La verdad es que Louis no necesitaba de un guía, tenía la capacidad para descubrir y comprender por sí mismo los cambios que ocurrían a su alrededor.

El mundo se abrió, amplio y maravilloso, fantástico como nunca, cada mota de polvo, cada hoja movida por el viento, cada insecto parado, paseando o volando, cada botón de una chaqueta... Era descubrir un mundo que nunca pensó que existiría. ¿Y la primera caza?  Fue a la noche siguiente. Traumática. El sabor de la sangre era tan intenso que lo perdió en sí mismo y después vino la enfermedad por haber bebido demasiado. Poco después se enteraría de que podía vivir de beber de animales y durante los próximos cuatro años, seguiría llevando esa clase de dieta, rechazando con una increíble voluntad, la sangre humana siempre deseada, tormentosamente deseada.

HOGAR, DULCE HOGAR:
Lestat y Louis se quedaron allí, cuidando del padre enfermo del primero y reanimando la plantación. Louis pasó sus primeros años como dueño y durante sus largas noches gustaba de meditar o leer; desperdiciando el tiempo, como le espetaría su creador. Por las noches, temprano, simulaban cenar y aunque al principio no se dieron cuenta, los esclavos comenzaron  a notar a la larga, que sus señores, no eran personas normales.

La muerte grotesca de un sirviente y las sospechas recurrentes de los demás provocaron una huida rápida de los vampiros de Pointe Du Lac ante la amenaza de un linchamiento. El fallecimiento acelerado del anciano padre de Lestat a manos de Louis fue lo único que los retrasó en la plantación. Su dueño incendió la casa, despidiéndose de ella está vez en definitiva; en ese momento, entre la posibilidad de quedarse con su familia o no, decidió ir con Lestat. Fue un viaje corto, en su  camino hacia Nueva Orleans, el día fue ganando terreno y ambos se refugiaron en una plantación cercana, perteneciente a la señorita Babette Freniere, que Louis ya había visitado antes para, si no brindarle entereza, darle algo para calmarse a sí mismo.

En una voz que escondió a la perfección la urgencia que proyectaba por miedo al amanecer, logró que ella le diera una habitación, una bodega cerrada al exterior. Y al atardecer siguiente, se encontraban encerrados, una jaula justa para dos monstruos. Lestat estaba furioso, Louis se hunda en sus meditaciones, soportando los improperios de su creador. Babette, la chica fuerte que ahora creía en supersticiones, apareció, quebrantando otro suelo inestable en el que andaba el criollo moreno. Escucharla llamarlo demonio le afectó más de lo que creía. Y la semilla fue así,  implantada. Babette vivió y ellos marcharon a Nueva Orleans y se instalaron en la suite de un hotel. Y el deseo de querer morir, pasó a ser el deseo real de morir. Aquel ser meditabundo fue empujado en busca de sangre y se lanzó a ello, enfebrecido por la sed.

El deseo de marcharse del lado de su mentor era tan insoportable como el ardoroso deseo por beber sangre humana que sintió esa noche. En esos años las calles estaban llenas de ratas por doquier pero Louis estaba imbuido en la desesperación, agitado y atormentado por su propia naturaleza, creyéndose condenado, maldito. Se separó de Lestat y anduvo por calles cada vez más oscuras, pobres y enlodadas, caminando y caminando y entonces escuchó el llanto de una niña. Amenazado por la interrogante de si, como vampiro, estaba condenado o no, permaneció allí, fuera de la casa, extasiado y ardiendo por la sed, mirando a la niña, hasta que ella lo descubrió. Entró a la habitación, escuchando sus exclamaciones de ayuda pero sin prestarle atención, pensando en lo fácil que sería ahora tomar su vida con solo una presión suave de sus labios.

Y lo hizo así, después de cuatro años de una dolorosa abstinencia, conoció realmente lo que era la sangre humana. La saboreó y el corazón de la niña golpeó contra sus oídos y repercutió contra su cuerpo en su lucha desesperada por continuar latiendo. Y de pronto, entre ese éxtasis que no podía compararse a nada, por el rabillo del ojo y en uno de sus momento menos oportunos,  apareció Lestat que burlonamente tomó el cadáver de la madre y realizó una macabra danza a su alrededor, puede que dándole el empujón que necesitaba. Louis escapó y regresó al hotel saltando por los tejados, deseando perderlo de vista. Entró por la ventana de la sala y cerró la misma con un fuerte golpe, dando vueltas en la habitación enfurecido pensando en mil formas de aniquilarlo. Poco después Lestat se golpeó contra el cristal de la ventana hasta que lo rompió y entró. Louis lo estaba esperando con un quemante deseo aniquilador. Lucharon como nunca, hasta que Louis quedó tendido en el suelo sin confianza ni ímpetu, ni propósito, agotado. Lestat yacía de pie sobre él, con el pecho agitado; ambos se miraron.

Ni siquiera la promesa de tener una conversación decente parecía bastar para cambiar aquella ira que emergió de él esa madrugada. Pero se quedó, se quedó por la promesa que auguraba un cambio. Y al quedarse descubrió que la promesa bien parecía un timo. Hablaron entre la pantomima que Lestat planteó para él, una pantomima en la que era Louis el único que no conocía su papel. Y después, aquella extraña decisión por parte del vampiro mayor, arrancó las fuerzas que Louis poseía, las fuerzas para marcharse y para decir no. El ángel del que hubiera bebido la noche anterior se presentó frente a él, delirante pero viva y el moreno no comprendió la idea de su creador cuando le hizo beber y él no pudo evitarlo. La excitación lo invadió por completo y continuó absorbiendo su vida, esperando a que el corazón se detuviera. Y cuando pareció que lo hacía, se la arrebataron de pronto. Lestat la tenía en su posesión y fue entonces que Louis comprendió por fin.

FAMILIA:
¿Qué has hecho?, increpó contra él, pero el punto era ese mismo. Lestat dio su sangre en favor del nacimiento de un nuevo miembro de su retorcida comunión. Una niña vampiro. Claudia. La niña más hermosa que Louis jamás vio en su vida; con sus bucles de oro y unos ojos cristalinos que lo miraban como una adulta. Era pura sensualidad, creada de un infierno insoportable de sangre y monstruosidades. Era pura, un ángel. Su hija. El felino Lestat había sido descubierto, expuesto, se había visto obligado a comunicarse con Louis y en cambio, como pago por ello, le había dado a Claudia. Y Louis la amo completamente. La amo y con ese amor llegó la seducción de la sangre. Después de esa noche y llenó del convencimiento que las palabras de Lestat causaron, Louis cazó humanos como nunca antes, pero siempre de lejos, sin querer conocerlos, rápido, evitando que cualquier sentimiento ajeno al placer de la sangre se interpusiera. Un modo  de cacería diferente al de Lestat y Claudia.

Poco después la familia se mudó a una de las residencias españolas en la Rúe Royale, pertenecientes a Louis. Un lugar lujoso y más seguro que la plantación, perfecto para dos padres con una pequeña niña, que era la apariencia que daban en la sociedad. Y el tiempo pasó, y las cosas cambiaron aunque fueron las mismas. Los años sueltos se hicieron décadas y aquel paraíso en el que Louis, Lestat y Claudia vivieron, pasó a volverse un mar que se embravecía con el paso del tiempo. Claudia cambió, deseo su propio espacio aunque de una forma u  otra seguía compartiendo ataúd con Louis y él, incapaz de negarle algo más allá de la cacería, consiguió un ataúd para ella, pero el objeto quedo allí, abandonado. Y Louis a veces iba con ellos, a veces deseaba compañía en la cacería y cuando los acompañaba, se cernía sobre el un velo de melancolía que solo era despachado por los volantes de los vestidos de su pequeña muñeca, de la perfecta Claudia.

Y el paraíso continuó hasta que ella comenzó a hacer preguntas y los cambios dejaron de ser simples peticiones y se convirtieron en acciones. La frialdad hacía Lestat fue uno de los síntomas más fuertes y, de nueva cuenta, la ira y el enfado rompió la armonía en la que Louis había respirado tranquilamente durante tantos años. Claudia quebró algunas reglas y esa noche fue el inicio completo de lo que ocurriera más adelante. La familia se resquebrajó y se convirtieron en tres seres nocturnos que convivían bajo el mismo techo, siguiendo las mismas pautas pero sin hablarse, tocarse o mirarse. Cada uno hacía lo que quería, Lestat enfadado, busco distracción en llamar la atención de la ciudad, Louis estaba dolido por la lejanía de su amor y sus momentos de muda y constante reflexión volvieron y Claudia se enfrascó en lecturas sobre mitos de vampiros y supersticiones, pura palabrería que no conducía a ningún sitio. Una noche en la que ella le habló de nuevo, busco las respuestas que él siempre pensó en darle pero de las que temía su reacción.

Pero igualmente lo hizo, temiendo perder el amor de ella le contó la verdad de como dio su beso inmortal y Lestat le dio una nueva vida, ambos, Lestat y él, eran cómplices de haberla arrebatado de la muerte. Recibiendo las palabras de odio de parte de ella, Louis permitió que se abriera una brecha más en su cuerpo y con ello el dolor regresó. Las preguntas que tantas veces se hiciera Louis antes de Claudia, había sido dejadas de lado por sesenta y cinco años, sesenta y cinco años de gozo, de una vida en comunidad, de noches de lectura y conversaciones silenciosas, de bailes en el salón cuando la sostenía de la cintura y la apretaba contra su cuerpo, de los momentos íntimos y perfectos cuando se dejaba cepillar el pelo una y otra vez. Todo había terminado ahora y nada volvería a ser lo que fue.

Eventualmente, empero, ella regresó a Louis con una necesidad de irse y él, que en ese instante hubiera hecho todo lo que ella le hubiera pedido, sintió el alivio por la posibilidad nueva de abandonar a su creador. Louis estaba rodeado de vampiros que no podían estar solos, que eran tan únicos y diferentes a él como lo era él para ellos. Guiado por su necesidad pacifista, por evitarse el fastidio de más discusiones, intuyó sus propios medios para conseguirse unas vacaciones lejos de la Rúe Royale, entre tanto, Claudia generaba sus propias distracciones entre las que destacaba la ecuanimidad con la que preguntaba a Lestat a la par que seguía con sus libros. Lestat parecía estallar cada vez con mayor facilidad mientras que la niña se mostraba inmune a la irritación de su creador.

CIEGOS DE SANGRE:
Pero Louis no estaba preparado para lo que ella deseaba hacer. No estaba preparado para la muerte, pero no pudo detenerla. Fue un mudo espectador, un cómplice maldito que hizo oídos sordos a las suplicas en su nombre. Un poco de láudano y ajenjo habían paralizado a Lestat y el corte preciso del cuchillo de aquel demonio infantil lo dejo en poco menos que una sombra del vampiro que había sido. El rechazo comenzó esa noche pero mientras se dirigían al pantano, mientras Claudia se ocupó del cuerpo que con horror Louis se negó a tocar, mientras se daba a la tarea de depositarlo en el pantano, un sopor se posesiono de él, una fina capa de  ensueño que opacaba todo lo demás. Ahora no solo eran padre e hija, no solo eran amantes, eran cómplices malditos. Louis no soportaba mirarla, no soportaba estar en la misma habitación que ella, no soportaba escuchar su voz, pero sus lágrimas fueron lo que hizo que él volviera y la abrazara en aquella inconciencia llamada lástima, pena o amor.

Vagó mucho por las calles antes de partir de Nueva Orleans para Europa. Se detuvo en la fachada de una catedral a la que ingresó con ansiedad, esperando, casi rogando por que ocurriera algo. El lugar, obviamente, estaba vacío. Vacío en el aspecto espiritual, allí no había nada que pudiera ayudarle, nada a excepción de una cena oportuna…

Los planes de marcharse continuaron, Claudia deseando ir a Europa central y Louis pensando en ello, en aquellas tierras imperecederas que le traerían un poco de paz. Dejó ir lo que había sucedido a Lestat concentrándose en el viaje. Louis es un criollo, era hora de volver a casa. Sin embargo, antes de ello, pasaron algunas cosas importantes de mencionar. El joven músico, cuya identidad conocería mucho más adelante, se presentó una noche presentando un aspecto terrible. Louis y él cruzaron palabras, Louis lo vi enfermizo. Vio las marcas en el cuello. Charlando con él lo mínimo, las dudas cayeron sobre él, pero comentarlo con Claudia no tenía sentido, al final, como ella dijera, no importaba.  Nada de eso importaba ya. Todo quedaría atrás. Pronto se iban.

Pronto. Pasajes, notas de créditos bancarios y demás papeles, todo listo en una cartera. Todo listo. Entonces, ella llega de la cacería irremediable, viene corriendo, jadeando, trae palabras histéricas, trae ideas dementes. Louis la interroga. Ella tiene razón. Afuera hay alguien, y hay otro espectro que sube las escaleras y aporrea la puerta gritando ese único nombre con ira. Y la puerta salta de sus goznes y el caos se desatara. Fuego que las las cortinas, la alfombra, que lame los cuerpos inmortales, que devora la casa en segundos. En aquella confusión Louis recogió el cuerpo de su pequeña amada y salió corriendo, empujando personas, si escuchar a nadie, sin detenerse, corrió y corrió hasta que la oscuridad y el silencio los envolvió y lo único que quedo fue la respiración acelerada, el corazón palpitando incontrolable y los jadeos, los cuerpos apretados uno contra otro.  

Cerca del amanecer, ya con ambos a bordo del barco francés Mariana, permaneció en cubierta, con los sentidos abiertos, sensibles, esperando mientras se despedía de todo lo que había sido su hogar hasta ahora. Pero Lestat no apareció. Y cuando se marchó con ella, algo gritaba fuerte dentro de sí, rasgándolo entre el alivio de partir y el odio a sí mismo por lo que había hecho para conseguirlo. Viajaron siguiendo un itinerario pensado con anterioridad, pero nada de lo que vieron les causó satisfacción. Las respuestas seguían sin aparecer y las preguntas solo se volvían más profundas, terribles; así como lo eran las charlas con ella. Cárpatos, con sus aguas negras de pesadilla y preguntas tan retorcidas que jamás verían la luz. Y el Mediterráneo se convirtió en el Mar Negro y fue así que apareció una miserable villa. Una miserable villa que tenía lo que parecía ser información de otros vampiros.

Y, por supuesto, aquella miserable villa tuvo una respuesta, pero no era la respuesta que estaban buscando. Los vampiros que encontraron por Hungría, Bulgaria o Transilvania, eran iguales: criaturas sin conciencia alguna, cadáveres sin mente que solo se movían bajo la motivación de conseguir sangre. Era desesperación lo que se miraba en los fosos negros de sus ojos.

Ya en esas tierras no quedaba nada para ellos. Claudia, su única compañera, la única criatura que podía soportar a su lado, la única criatura a la que no le podría soportar tal insistencia, porqué, si había algo que Louis no era capaz de tolerar era de hablar sobre crear otro vampiro. La mención misma de aquel tema era terrible. Y aquella noche Louis pudo comprender lo mal que estaban sin Lestat junto a ellos. Claudia dijo “incompletos” pero para él nada de eso era suficiente. Ahora había un desbalance, había una incongruencia, algo que no podía ser desechos. Estaba cansado, ambos lo estaban. Sin ninguna salida viable, sin un camino directo y pensando cada vez más en el creador muerto en los pantanos, Louis y Claudia se dirigieron a París.

EL TEATRO DE LOS VAMPIROS:
Tomaron un barco y pronto, la sangre criolla en Louis le comunicó que acababa de volver a su legítimo hogar. Un hogar del que no se acordaba pero al que su sangre parecía llamar, regocijarse por el retorno. Rentaron un piso no tan lujoso como la residencia española pero lleno de flores y plantas aromáticas. Eufórico, cumplió cualquier capricho que ella deseara y se olvidó, así mismo, de su propia búsqueda por otros vampiros y por respuestas. Bailes, paseos nocturnos, obras de teatro y sangre  con ese sabor especial europeo. Louis se embulló en aquellos aromas, en aquellas sensaciones y volvió a respirar. Y en aquel ambiente sin búsqueda, fue un vampiro quien lo encontró.

Armand se presentó en su vida con respuestas que no resolvieron nada, pero le dieron un matiz aún más sombrío a su existencia y Claudia, su niña hermosa, implorándole que creara a Madeleine para que él pudiera ir donde Armand en paz. Pareciera que todo sale bien, Louis renunciando a lo poco que le queda de humano, Louis dándole vida a su neófita. Los tres paseando, separándose ellas de su lado. Contemplando la locura de Madeleine y separándose de ella tras otro incendio. Armand. No, el amor no  existió entre creador y neófito. No, al final no hay nada, no tiene nada, no necesita nada. Reniega de todo pero desea el abandono total. La invitación abre un nuevo puente y la advertencia, ¡Ten cuidado! Entonces se despidieron y retornó a casa. La mañana ya cerca yt su niña en brazos. Despedidas puestas en palabras.

Una vela que se apaga sutil en la ensoñación de la duerme vela. Entonces el ataque, la invasión. Y el secuestro. Apenas le preocupo la paliza que intentaban ponerle. Si en algún momento Louis demostró su fuerza, fue en esa noche, donde se debatió contra todos por proteger a Claudia y Madeleine. Los llevaron al teatro a la fuerza, los separaron y Louis, que buscaba a Armand desesperadamente, se encontró con Lestat. Lo encerraron en un ataúd sellado con cadenas y candados y pronto pudo escuchar como colocaban ladrillos y cerraban la pared. Gritó hasta que la parálisis lo invadió y perdió todo control de su cuerpo.

Puede que lo mejor hubiera sido no despertar nunca… Armando lo sacó de su prisión, quiso llevárselo, pero no lo logró, no iba a irse sin Claudia. Lestat estaba allí, aferrando aquel vestido que pertenecía a su niña. Y de pronto, el descubrimiento. El terrible descubrimiento, Claudia y Madeleine, convertidas en cenizas. Y todo se deshizo, el espacio y tiempo acabó. Gritó, gritó tan fuerte como su garganta lo permitió y peleo y luchó contra lo que espero que fuera Santiago, pero resultó ser Armand. Él lo sacó de allí y Louis caminó, caminó empujando gente y enseguida hecho a correr. Para cuando la noche llegaba a su fin, había tomado una decisión. Una única decisión capaz de calmar momentáneamente el dolor que sentía.

La noche siguiente, hace caer un infierno sobre el Teatro de los Vampiros. Llevándose el placer de asegurarse de que Santiago está bien muerto. Su guadaña cortando su cabeza limpiamente y las llamas devorándolo todo a su paso. El sol había salido ya cuando corrió por el callejón y entró al  carruaje, cuando se tumbó en el ataúd colocado en el suelo del carruaje y la piel de su rostro y de sus manos le ardía por la quemazón del sol, supo que de alguna manera, se había vengando por ellas, Claudia y Madeleine. Regreso dos días después, lo único que quedaba del teatro eran muros chamuscados. Después de leer el periódico, de conocer las noticias y de que todo hubiera concluido, así mismo acabó su rol. ¿Cómo sobrevivir al vacío? ¿Cómo sobrevivir a la nada que lo esperaba? La respuesta fue Armand. Un pequeño salvavidas cuando lo necesitaba.

Supo de él que Lestat está vivo. Y así, fue a verlo.  Lo que encontró fue un despojo de lo que era. Un ser consumido y agotado. No se quedó mucho tiempo pero bastó el tiempo que estuvo como para darse cuenta de algunas cosas. Triste, abatido, la sombra de lo que alguna vez fue. Se marchó y poco tiempo después acabó abandonado a Armand, retomando el viaje por su cuenta en busca de nada. Por qué nada importaba.

Es en este punto dónde se marcara el inicio del declive del joven Daniel Molloy, quien será el primer neófito de Armand y, hasta donde se sabe, el único.

REENCUENTRO CON LESTAT EN LOS 80’S :
Se sabe muy poco de lo que hizo Louis en el transcurso de aquella despedida con Armand a su reencuentro con Lestat al final de “Lestat, el Vampiro”, más allá de que se marchó al Oeste. Gracias a su novela, Louis se convirtió en proscrito, marcado como traidor, fue perseguido por su propia raza con la intención de destruirlo pero, sin embargo, nunca pudieron dar con él. Aquel que fuera en su tiempo el vampiro más débil, el más humano, el que menos usara sus poderes, no fue encontrado por mucho que lo buscaron, resultó muy bueno escondiéndose.

Horas antes del concierto, Louis se presentó en el escondite de Carmen Valley donde Lestat esperaba con su banda por el gran momento. Cierto fue que le sacó un susto. Su reconciliación fue intensa pero real, rápida. Louis le dejó claro a su creador que había sido él quien le diera las opciones de como buscarlo, incluso cuando el mismo Lestat lo había intentado fallidamente. Louis no refuta nada de lo que lee en el libro escrito por Lestat, le asegura que ha creído en todo lo que escribió y luego intenta convencerlo para que no acuda al concierto. Falla, por supuesto.

Louis resulta una buena fuente de información, le habla sobre ciertos clubs para los vampiros donde se intercambian información, un lugar seguro para los humanos. Louis entonces le pide ir con él al concierto y Lestat acepta. Todo va bien en el gran evento, se besan y Lestat sale eufórico al escenario y en el transcurso de esas horas el lugar se va caldeando. Al final del concierto los atacan, incendian el auto de Lestat pero al final ninguno de los suyos acaban incinerados. Louis conoce a Gabrielle, y un gran entendimiento se cierne entre ellos, al final del libro, se marchan juntos al amanecer en busca de refugio.

LA REUNIÓN DE LOS ERUDITOS:
La presencia de Louis antes de los eventos descritos en el libro es esporádica, vista a través de los ojos de otros pero con un orden cronológico correcto. Comenzamos el viaje con Marius, el hijo del milenio que lo descubre saliendo de su cripta, afligido por unos sueños perturbadores, y preocupado por Lestat, esto ocurre poco antes del concierto y de que él se reúna con Lestat. Pudiera ser uno de los factores cruciales para tal encuentro. Y en seguida, Khayman guiándolo junto a Gabrielle a una casa, en el linde del bosque de secuoyas para reunirse con la anciana Maharet en la villa de Sonoma.

Louis, junto con los vampiros restantes que quedan después de la quema de la Reina, escucha la historia de las gemelas, el origen mismo de su especie y conoce a vampiros que nunca imagino que existirían. La historia se sucede en varias noches y en el final de la primera es cuando Louis puede por fin cruzar algunas palabras con Marius quien le asegura que Lestat está vivo. Cuando  Akasha llega a la asamblea junto con Lestat, se sientan a la mesa y charlan, intentando convencerla de que el plan no funcionada, de que ese nuevo genocidio no llevara a nada nuevo, como ha demostrado antes la historia de la humanidad.

Louis, apasionado pero vulnerable, alza la voz y secunda a Marius en un intento por hacerla entrar en razón. Ella lo increpa, reclamándole que a pesar de él, de su sinceridad, es el más despiadado de los vampiros. Louis mató sin consideración de edad, de sexo o de la voluntad de vivir. Él responde que no importa, que puede matarlo en ese momento, pero su dialogo apasionado no llega a nada, nada de lo que diga nadie por intentar cambiar su parecer, llevara la situación a un punto positivo. Pero cundo la tensión se encuentra en lo peor aparece Mekare, cumpliendo la profecía y asesinando a Akasha, y se convierte en la Reina de los Condenados.

LESTAT, LOUIS Y LA TALAMASCA:
Miami, la villa blanca de Armand. Louis permanece allí durante un mes en compañía de los demás vampiros hasta que, una noche de marcha de nuevo a Nueva Orleans. Lestat lo alcanza y  lo encuentra en su antiguo hogar de la Rué Royale. Esta allí por Claudia pero nada percibe a pesar de que Lestat si la ve. Se marchan de allí juntos y Louis lo lleva a visitar su propia tumba, fechada con la noche del incendio en la plantación Du Lac. Louis quiere a Lestat, antes y ahora, pero no puede dejar de sorprenderse o de reprenderlo cuando aparece esa mirada de absoluta travesura en su rostro.

Después de horas llegan a Londres, Louis ha tenido que dormir varias horas en el trayecto, inevitablemente. Cuando despierta y se da cuenta de lo que sucede es tarde. Llegan a la habitación privada de David Talbot. Se repliega contra la pared mientras observa rabioso, airado. Escucha sin intervenir pero cuando se alejan por fin, su furia se desata. Reclama, le advierte increpa, pero nada importa. Lestat parece encantado con todo esto. Y así, siguen su marcha rumbo a Londres, a pie, en el frío helado de la noche.  

CHARLA SOBRE EL LADRÓN:
Louis vive ahora en una mansión victoriana en New Orleans, inevitable que vuelva allí. Un lugar de abundante vegetación que escondía una cabaña detrás de la casa, lugar real dónde se encontraba el escondite. La mansión es amarilla, pintura ya descascarada y cubierta de enredaderas. El refugio queda bien escondido de los humanos, es seguro. Cierta noche, mientras se encuentra escribiendo cuando Lestat llega hasta él con una indecible historia. Louis, más allá del hecho de ver la piel bronceada de Lestat, quedo escandalizado con el relato de un hombre que había seguido aun vampiro poderoso.

Le pide, le exige y le implora que lo destruya, que lamentara lo que está haciendo, que nada saldrá bien. Discutieron y Louis queo herido, profundizando en sus reflexiones, en búsqueda de alguna respuesta que lo hiciera cambiar de parecer, ni siquiera el deseo de destruirlo había funcionado. Soltaron diatribas y al final, con una última palabra y sin convencerlo en absoluto, Lestat se marchó.

Condoleciéndose, Louis volvió a verlo a última hora de la noche, con una última advertencia. La iglesia solo los tenía a ambos como únicos visitantes a esa hora temprana de la madrugada. Posando su mano en su hombro, le hizo una última advertencia, una cruda advertencia, entonces lo soltó, se apartó y se perdió en el aura de la mañana tras despedirse con la mano a la distancia.  

SUPLICA INÚTIL:
La siguiente ves que se encuentran, Louis descubre a un hombre y un perro extraño en casa. Lo cierto es que si ben se muestra un poco imprudente pero con la deliberada advertencia poco o nada había que hacer. El extraño es Lestat, atrapado en otro cuerpo y casi lo mata si no logra identificarse a tiempo. Retrocede en shock, su cara en un espasmo de sorpresa. Tras comprender el asunto y escuchar la historia su creador en un silencio absoluto, le deja en claro que no puede hacer lo que le pedí. Poco después, Louis tras múltiples negativas, le asegura que debe de vivir como humano, aprovecharlo, envejecer y morir como es lo normal y entonces, desaparece en la noche con la promesa de que no lo volverá a ver.  

Misma que, días después. Se rompe. Con Lestat ya dentro de su cuerpo mortal, Louis vuelve a reencontrarse con él en la misma iglesia en a que tuvieron la última palabra de despedida. Desconcertado, escucha a Lestat cuando lo invita a vivir con él nuevamente y se muestra impávido al recibir su furia, su desplante de odio hacía él. Louis lo besa, en silencio y cuando Lestat se marcha no omite juicio alguno. Sabe que merece lo que sea que diga o haga contra él, pero todo queda en un juego frío que muere en el silencio de aquella bóveda de piedra.
Hacía el final de la historia, Louis, ya enterado de lo que Lestat hizo con el David joven, espera en la renovada cas de Rué Royale por su creador, para irse juntos a festival de Rio de Janeiro.

LA RETROSPECTIVA SOBRE EL DIABLO:
Quedando casi aparte de aquel relato, aparece en la capilla para ver a Lestat, sino brindándole algún tipo de consuelo, si calmando su estado de ánimo con su presencia. Sus pedidos de que vaya a casa con él, de oír su historia son detenidos por la presencia de David y Maharet que tras devolverle su ojo a Lestat, lo encadena en un cuarto oscuro de un orfelinato, sin hacer caso a la súplica de Louis de que lo deje ir.
Louis va a visitarlo, charla suavemente sobre los libros de Wynken de Wilde, sobre las figuras. Promete esperarlo en el departamento y su imagen se desvanece entre la visión borrosa del tiempo.

PETICIÓN SIN REGRESO :
Louis conoce a Merrick  a través de la intermediación de David Talbot, con quien ahora vive. A pesar de que, de alguna nimia manera puede sentir espíritus, no  es capaz de contactar a Claudia,  a cuenta de que varios la han sentido y visto; Jesse y Lestat entre ellos, además del propio David. Escucha la historia de labios de David, resintiendo de nuevo cuando el clavicémbalo suena pero él no puede oírlo. Escucha en silencio la historia sobre Merrick y en algunas escenas se le ve, desde la perspectiva de su compañero, como ejecuta su indiscriminada carnicería. Tras unas noches que pasan entre las palabras, entre la historia, Louis por fin encuentra la oportunidad de encontrarse con ella.

Hay una cierta fascinación entre la hechicera y Louis cuando se encuentran y ella fija el momento correcto, esa misma noche, los instrumentos a usar en el rito, los artículos para llamar al espíritu de la niña y, como acaba siendo lógico, una extrema cantidad de sangre, David se niega a buscar a un humano para sacrificar y entre la discusión, es Louis quien decide ser ese sacrifico, asegurando que tendrá la sangre necesaria para poder hacer el hechizo. La hechicera les pide que se marchen y regresen en una hora y los vampiros se van. Regresan a tiempo, como se les pidió, con el cuerpo de Louis repleto de sangre tras una reciente y henchida cacería.    

DESPEDIDA:
El hechizo funciona, pero no es lo que Louis esperaba. No hay consuelo para él, el espíritu de Claudia no ha tenido descanso, odia al padre que decía amar antes y desea que sufra, aun así, Louis clama por su perdón, implora a la hechicera que le ayude con su descanso eterno pero el espíritu aprovecha la potencia de aquel encuentro para tomar una daga y clavársela en el corazón a Louis. La herid lo derrumba y lo desangra lentamente, a pesar del cuerpo inmortal que comienza a curarse rápidamente. Claudia lo reta para que lo siga, para que sufra y lo siga y se desvanece ya sin energía.

La experiencia marca a Louis, quien se marcha al poco de eso pidiendo estar sólo. Poco después se encuentra David con él y descubre que la herida en su pecho sigue sangrando, pero a Louis no parece importarle y rechaza cualquier ayuda que pueda brindarle su compañero. Incluso le avisa que le queda poco tiempo entre ellos aunque ya las sospechas sobre su suicidio eran más algo obvias. Después  de despedirse, Louis desaparece durante tres días y, al encontrarse de nuevo con Louis en su casa en la Rué y van juntos a ver a la mujer. David los deja solos para que charlen y no vuelve esa noche. Pero a la noche siguiente descubre que Louis se ha dejado quemar por el sol.

SURGIR DE LAS CENIZAS:
David lo descubre en un jardín trasero de una finca en la misma calle dónde tiene su residencia, protegido del viento por una elevada tapia. En casa, en el escritorio, les esperaba una carta de despedida. La carne de Louis abrasada por las llamas esta endurecida, sin llegar a ser cenizas y David se niega  ser quien acabe de destruir el cuerpo inmóvil, perfectamente cincelado en negro. Desesperado, sin saber cómo proceder, camina por el patio, vigilando la reliquia de ataúd. Entonces aparece Lestat, cubierto por el polvo. Tras una corta diatriba personal y con David, se inclinó contra el cuerpo con la muñeca abierta y empezó el cuerpo de sangre.

Lo desnudó, quitando los ropajes chamuscados que estorban, y entre una capa de polvo la sangre entra al cuerpo directamente. Gimiendo de dolor, Louis se levantó del ataúd y guiado por Lestat, encajó los colmillos en su cuello, bebiendo con avidez. Lo lavaron y vistieron y Lestat volvió a darle su sangre para que la transformación acabara. Días después y en respuesta a una carta de advertencia de la Talamasca, Lestat y su aquelarre se ve obligado a abandonar Nueva Orleans.

EN TRINITY GATE:
Casi dos décadas después, Louis vive en Nueva York en un gigantesco palacete junto con Armand, Sybelle y Benjamin. La antigua asamblea se ha dispersado y no mantiene contacto con Lestat, que se encuentra exiliado y con David, que trota por el mundo, pero la perspectiva de su vida es ahora diferente, más esperanzadora.  

Habilidades
- Desarrollo de los sentidos: Los cinco sentidos básicos aumentan su capacidad. Esto también incluye un "sexto sentido" para sentir la presencia de otros vampiros y prevenir el peligro.

- Velocidad: Ante los humanos comunes pueden llegar a ser sólo sombras o suaves brisas. Esto también incluye un aumento en sus reflejos y capacidad de reacción.

- Fuerza: No desarrollan músculos, pero su cuerpo se vuelve más resistente y fuerte. Poseen una fuerza superior a la de un humano. Es decir, sin importar la constitución del cuerpo del vampiro, podrá detener y maniatar a cualquier humano.

- Telepatía:  Es la capacidad de leer o comunicarse de forma psíquica con otrovampiro (que no hayan sido transformados por ellos y lo permitan), y de cualquier humano. Esta capacidad aumenta su poder dependiendo de la edad del vampiro.

- Resistencia: El cuerpo desarrolla la capacidad de soportar situaciones extremas o grandes esfuerzos, incluyendo también una sanación rápida de las heridas propias. En caso de perder una extremidad, con sólo ponerla de nuevo en su lugar esta se "adhiere" de nuevo al cuerpo.

Avanzadas:

- Piroquinesis: Es la habilidad de los  vampiros antiguos de usar sus poderes telequinéticos para quemar la materia. Ellos pueden, a través del poder de sus mentes, quemar madera, papel o cualquier sustancia inflamable. También pueden quemar a otros vampiros, encendiendo la Sangre en sus cuerpos y así reducirlos a cenizas. Necesitan estricto contacto visual para poder usar este don.

- Levitación: Entre más viejos sean, más fácil es para ellos volar, abarcando grandes distancias. Esto no incluye alas ni nada por ese estilo.

Información Relevante
☩ Le gustan los crucifijos.

☩ Tiene un anillo de esmeralda que siempre porta en su mano izquierda.

☩ Aunque sonría, siempre tiene un  aire melancólico en sus facciones.

☩ Cuando medita, suele desviar su atención por completo al asunto en cuestión, por lo que parece taciturno y ausente. Algunas veces incluso no escucha si le hablan.

☩ Es propietario de siente fincas en Luisiana, una de ellas la plantación Pointe Du Lac, quemada en 1794.

☩ Prefiere la luz de una vela a la fría luz artificial eléctrica de ahora.
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Louis De Pointe Du Lac
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